No lugares

De la serie UNTITLED 0, 2016. Fotografía digital intervenida

Entrevista a Juliana Alvarado por Vera Castillo

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Vera Castillo: Podemos pensar a la fotografía como una forma de comunicación visual que opera con su propio sistema de pensar y representar. ¿Consideras que tu trabajo fotográfico opera desde una relación dependiente al lenguaje de las palabras o habla desde otro sitio?

Juliana Alvarado: La fotografía es un lenguaje en sí mismo. Es un dilema. Al estar trabajando en un homenaje a Altazor del poeta Vicente Huidobro, pensé en la fotografía como una solución visual, sin embargo ésta pasaba a un segundo plano porque terminaba ilustrando el discurso, a las palabras. Intento, en cambio, interpretar. La imagen es independiente del lenguaje escrito, puede decir mil cosas sin que estén escritas.

Para la opinión de algunos, el lenguaje visual y corporal no alcanzan una complejidad que la palabra posee. Se les categoriza bajo una importancia menor. ¿Qué ocurre con esta mezcla de medios en tus series?

Ha sido una evolución. Cuando era adolescente, mi forma de expresarme era a través de la poesía. Posteriormente busqué hablar desde otros enunciados. Hacer lo que con un poema, desde una imagen.

Actualmente la fotografía ya no es la hermana incómoda de la pintura, tampoco se limita al registro o documentación. Tiene una independencia como medio y una relación con el arte contemporáneo.

Esto se relaciona con la forma en que la fotografía ha transcurrido por diferentes momentos históricos. Ya no se le considera evidencia de una única realidad ni principio de verdad absoluta. Aquella realidad fragmentada se manifiesta en el interés por el tema del deterioro, presente en tus fotografías y en la mirada puesta en el otro extremo de lo frágil: la resistencia por permanecer. ¿Cómo abordas la noción de ruina en tu serie Sobre el colapso, y cómo fue la selección de los lugares que decidiste documentar?

Actualmente estoy interesada en hablar fotográficamente del tiempo y el espacio, este último a partir de lo arquitectónico.

Mi búsqueda se ramifica en tres aproximaciones hacia la reflexión de lo espacial: el amor como una necesidad de un hogar, la aversión y la indiferencia.

De la serie La memoria es el reconocimiento del olvido, 2014. Fotografía digital intervenida

En México la gente busca darle identidad a los lugares que habita, sean suyos o rentados los decora. Esta dedicación se opone a lugares que nos generan un odio por su carga afectiva relacionada a una historia social o íntima: hospitales, reclusorios o carreteras.

Desde la tercera aproximación, abordo los “no lugares” como parte de una arquitectura que se caracteriza por ser desechable y efímera. Lugares cuyo uso está dado por su uso rentable, espacios que pueden ser destruidos en cualquier momento y que son sustituibles constantemente por otra sucursal de grandes corporaciones. Considero que tengo apego por fotografiar la ruina como algo que, en su condición de ruina, construye otras maneras de entender el espacio.


De la serie Nómbralas, 2016. Fotografía digital

En Cuernavaca surgió la iniciativa #RuinaTropical por parte los escritores Amaury Colmenares y Davo Valdés. Nació de su interés por la dimensión de abandono que varios lugares en la ciudad comenzaban a tener. Un estatuto que reemplaza a la imagen idílica de la capital de Morelos, como mero destino de turismo y descanso. Esta imagen de la ruina, la asocio en este caso con la construcción de otro tipo de habitar a partir de la destrucción de su pasado.

Cuernavaca es para mí una casa en obra negra. Durante una temporada, estuve fotografiando este tipo de casas cuyo final siempre era el inicio, cíclicamente en construcción. De hogares en la delegación Iztapalapa en la Ciudad de México, me interesó la manera en la que sus habitantes deciden que la apariencia de su casa simule estar en obra negra. Esto por las condiciones de violencia de su contexto…

Las discusiones sobre el tema del habitar, son urgentes. ¡La vivienda digan es un derecho elemental!

Por las condiciones de sobrepoblación que hay en la Ciudad de México, la arquitectura se adapta a la densidad y la división de espacios. La gente tiene que exprimir su creatividad para sobrevivir en una caja de cerillos.

Cuando me enteré del proyecto Ruina Tropical en Cuernavaca, sentí nostalgia por pensar cómo los lugares decaen como parte de su historia. Con esto, considero a la destrucción como un proceso más de los asentamientos humanos.

De la serie El santuario que no es, 2016. Fotografía digital

¿De qué influencias artísticas haces uso para pensar en las cualidades del colapso que se observan en tu trabajo?

No me guío por un artista en específico. Más bien tengo apego a ciertos lugares. Cuando leí Especies de espacios de Georges Perec y sobre la apropiación de los espacios por las personas, recordé mi cercanía con la casa de mi abuela. Ahí crecí y me hice. El ver simbólicamente la demolición de esa estructura, me hizo consciente de su temporalidad.

Uno ve más con la mente que con los ojos y, en este caso, a través de los recuerdos íntimos y el contexto que los envuelve. En una de tus fotografías se ve una planta brotando del material de construcción. Encuentro en ella una empatía en temas que también abordan otras dos fotógrafas formadas en Morelos. En su serie Botánica urbana, Saraí Ojeda recorrió calles del centro de Cuernavaca para fotografiar elementos vegetales que surgen de los adoquines.

Por su parte, Dulce Villasana hizo en 2013 una instalación en Valencia que llamó Apologías del abandono, donde buscaba hablar de un retorno hacia la naturaleza y la insistencia de esta, en permanecer.

Saraí fue mi maestra de fotografía contemporánea en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Es interesante su interpretación, ver cómo de la ruina se origina otro ciclo de lo natural.

Toda edificación puede ser destruida y convertida en polvo, pero siempre regresa al estado natural. Estos proyectos dejan ver cómo lo urbano ha invadido nuestros espacios verdes hasta dejarlos llanos. En ocasiones nos apegamos a algo aunque esto se vea reducido a polvo.

Estudio sobre blancos, 2014. Fotografía digital

Pasando a tu experiencia en fotografiar grupos que se identifican a partir de su práctica u oficio, ¿cómo describirías tu proceso de retratar boxeadoras?

Rodrigo Castillo y Mauricio Salvador, fundadores de La Dulce Ciencia Ediciones, me invitaron a participar. Este proyecto documental es un tránsito que va de la resistencia, que pueden tener los espacios urbanos desde sus condiciones físicas, hacia el resistir humano que libra una lucha a ciertas adversidades.

La práctica deportiva de estas mujeres está vinculada a una actitud empoderada que asumen en relación a las condiciones de su contexto. Va más allá del deporte, va hacia el cuidado del cuerpo en términos de género y lo que significa ser mujer en esta sociedad.

Vinculando este tema a una dimensión personal, las personas que me han educado en la vida son mujeres: mi abuela, mi mamá y otras compañeras. Estas fotografías tienen esa historia como antecedente.

De la serie Pancho Rosales, 2013. Fotografía digital

Siguiendo la idea de que el creador no sólo debe ser artista, sino su propio promotor, ¿cómo circulas y mantienes tu producción creativa?

Me han tocado golpes de suerte, he podido concretar proyectos al irme cruzando con personas a través de mi trabajo. Actualmente el Internet permite mayor difusión e independencia, también más accesos. Como es el caso de casi todo fotógrafo, hago foto comercial para sostener mis proyectos personales. Mi otro trabajo es como fotógrafa editorial.

¿Qué percepción tienes sobre el trabajo de instituciones culturales y autogestivas en las ciudades que has habitado?

Soy medio anarquista en ese sentido. En general, es necesario dejar de venerar a los fotógrafos reconocidos, que en ocasiones han sido nuestros maestros. Hace falta que nuevas propuestas tengan acceso a espacios expositivos. La escena de la fotografía contemporánea en México está acaparada por ciertos mentores y discípulos. Hay un control absurdo por parte de ellos.

El que haya personas que acaparan una esfera artística se traduce en ciertas políticas culturales, sin duda algo conflictivo en términos de movilidad creativa.

¿Por qué la limitante de no hacer cosas desde otros lugares tanto simbólicos como físicos? Existe como ejemplo de la descentralización del panorama establecido, una escena de la fotografía en el Norte del país muy interesante.

¿Qué hacen los fotógrafos comúnmente? Viajan al centro del país para legitimar su obra. La mejor experiencia que viví como fotógrafa, fue tomar un taller de experimentación creativa con Alex Dorfsman como parte de Generador. Proyectos para el desarrollo visual en la ciudad de Guadalajara.

Pasando al tema de la circulación de las imágenes, platícanos de tu participación en la exposición Después de la blasfemia.

Era una crítica. Realmente ganamos un lugar en la galería principal de “La Esmeralda” para armar una exposición punk. Lo que hice fue quemar una pared donde había colocado algunas de mis fotografías. Con esta exhibición, buscábamos desarticular la idea de que los medios son puros. El artista Gerardo Suter, quien fue maestro mío, influyó en este sentido en mi postura crítica y cuestionamientos en torno a la división de saberes y técnicas.

Estoy convencida de que hace falta experimentación en la fotografía.

Culto al escombro perecedero, 2014. Collage de pruebas de fotos análogas impresas en fotocopias sobre materiales inflamables.
Registro de la intervención. Galería de La Esmeralda.

Esto tiene que ver con un cuestionamiento a la relación artista–fotógrafo y a sus roles tanto creativos como laborales. Una consecuencia de lo anterior, es que podemos pensar actualmente a la práctica fotográfica como un proceder más dentro del arte contemporáneo. Después del arte conceptual, no podemos negar un contexto ni interpretar una obra de arte por sí misma.

Lo que sucede con el arte contemporáneo es que las ideas logran un mayor alcance que una técnica. No me considero muy conceptual pero cuestiono desde la duda mi labor fotográfica. Es más interesante que adecuarse a lo que dictan las instituciones como ejes de un deber artístico.



Vera Castillo
Ciudad de México, 1991

Historiadora por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos e investigadora independiente, con intereses en la fotografía decimonónica y de la primera mitad del siglo XX. Su trabajo ha sido publicado en el suplemento cultural El Tlacuache, de La Jornada Morelos y en la revista Tierra Adentro. Trabajó en catalogación e investigación en la Fototeca Juan Dubernard del Centro INAH en Morelos. Formó parte de la programación de la primera edición de Foto Foro Morelos 2016, un proyecto para abrir el diálogo sobre la producción fotográfica en el estado, y del Encuentro El Estado de Morelos, pasado y presente en la fotografía. Es colaboradora en el proyecto PICS del Centro de la Imagen. Actualmente es coordinadora del área educativa de la Sala de Arte Público Siqueiros, SAPS.

Juliana Alvarado
Michoacán, 1990
Vive y trabaja en Ciudad de México

Estudió Artes Visuales en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Cursó los talleres de Estética Contemporánea en el INBA, Investigación Visual Contemporánea, Espacio Abierto de Trabajo en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM, entre otros. Su obra ha sido exhibida en México y publicada en la revista Hysteria y Esquina boxeo. Actualmente es artista residente en Oficina de Arte en la Ciudad de México.

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