XV

De la serie XV, 2010. Fotografía digital

Entrevista a Sara Escobar por Liz Misterio

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Liz Misterio: Primero que nada quisiera saber, ¿qué es lo que te interesó de la fiesta de XV años para abordarla en tu obra? ¿Ya habías reflexionado en torno a este tema antes de hacer esta serie?

Sara Escobar: Yo no tuve fiesta de quince años. A esa edad atravesaba momentos familiares muy complicados por la enfermedad de mi mamá, así que podría decirse que tampoco tuve quince años. Es decir, no viví la vida de una chica de esa edad.

La primera vez que fui a una fiesta comunitaria de quinceañeras, organizada por el Gobierno del Distrito Federal, fue por orden del periódico Milenio, en el que colaboraba. Más allá de las fotografías que debía entregar al diario, decidí quedarme todo el día porque estaba fascinada por el sufrimiento y la alegría que convivían en esa fiesta, que con todo y los preparativos duraba prácticamente todo un día (sin contar las semanas de ensayos, la búsqueda del vestido, etcétera). Posteriormente, seguí por mi cuenta pendiente de esta celebración y sus ensayos. Al final en mi proyecto sólo incluí lo relativo al día del festejo.

Fue hasta mucho tiempo después cuando pensé que posiblemente esa atracción, que sentí por continuar la cobertura del festejo, fue justamente porque de esa manera experimentaba algo que jamás viví. No porque hubiera querido una fiesta como tal, sino por el hecho de estar cerca de esa mezcla de sentimientos que se presentan en un ritual de este tipo.

En la edición final de mi proyecto incluí muchas imágenes relacionadas con el hartazgo y la tristeza. Me quedé con aquellas donde concluye la fiesta al aire libre, justo cuando cayó una tormenta. Pese a que muchas veces se habla de esas fiestas y esa edad como algo “maravilloso”, no siempre sucede así. En el fondo hay mucha exigencia y sufrimiento.

La fiesta de XV años bien puede considerarse un ejemplo de lo que muchas mujeres viven diariamente en esta sociedad: desempeñar un papel dictado desde afuera, con el que no necesariamente se está cómoda o feliz.

De la serie XV, 2010. Fotografía digital

La fiesta tradicional de XV años es el ritual de transición en México para celebrar que las adolescentes pasan de ser “niña a mujer”, pero en tus imágenes nos muestras una perspectiva cruda de lo que es ser mujer en este país. En lo que has observado, ¿qué significa ese devenir?

El origen de la fiesta de quince años parte de la necesidad de mostrar a las “nuevas mujeres”, que ya están en posibilidad de ser presentadas en sociedad. Este asunto, desde mi punto de vista, es la muestra de una sociedad machista pues se trata de “presumir” a aquella que ya no es niña y que por tanto ya puede desempeñar el papel que se le ha otorgado, no necesariamente el que quiere: usar un vestido, bailar, tener un último juguete, ser delicada, posar, verse bien…

vivir para los otros.

Creo que ser mujer en este país es sumamente complicado pues convivimos con la violencia en todas las escalas, no sólo de parte de los hombres, sino de nosotras mismas. Se nos obliga muchas veces a desempeñar papeles determinados o comportarnos de maneras que ni siquiera cuestionamos: tener una fiesta de XV años, casarse, tener hijos. No digo que necesariamente el tener una fiesta al cumplir esa edad sea malo ni mucho menos denigrante, pero creo que tenemos que empezar a cuestionar si lo hacemos porque se nos exige, si se espera eso de nosotras o realmente queremos hacerlo.

La fiesta de XV años que fotografias es muy sui generis, por tratarse de la celebración convocada por el Gobierno del Distrito Federal con motivo de los festejos del bicentenario de la Independencia de México. A este grupo de jovencitas se les llamó las “Quinceañeras del Bicentenario”, ¿encuentras algún símil entre tus fotografías y la ficción del Estado mexicano?

La edición final de esta serie incluye fotos de 2010 y 2011. Como a toda celebración de 2010, también a ellas se les bautizó de esa manera. Sin duda, parte de mi interés con mi proyecto XV, es mostrar toda esa parafernalia, todo ese proceso de “disfrazarse”. Convertirse en quinceañera es ponerse un vestido incómodo, meterse en un corset.

De la serie XV, 2010. Fotografía digital

Es ficcionarse a sí misma.

Lo que más me atrajo al momento de fotografiar esta celebración – más allá del proceso en sí mismo – fue el sufrimiento, hartazgo y pesar que existían a la par de la felicidad de las protagonistas. No todo era alegría y fiesta.

Sin duda y lamentablemente, no hay nada más ficticio en este momento que el Estado mexicano. No hay nada más falso ni maquillado.

Lo terrible es que a diferencia de las quinceañeras que lo viven con toda la ilusión e ingenuidad, en el caso de nuestro país hablamos de un sistema totalmente macabro y cínico.

En el imaginario popular, la fiesta de XV años cristaliza de alguna forma los valores tradicionales deseables en una mujer: belleza física, docilidad, elegancia, castidad, capacidad reproductiva, estatus. Desde tu perspectiva, ¿cómo impacta este ritual en la construcción social de la mujer mexicana?

Vivimos tan agobiadas por los parámetros de belleza que no somos capaces de vernos a nosotras mismas. Se nos exige comportarnos, ser femeninas. Se nos presiona con tener hijos, casarnos…

Es indispensable que re-pensemos qué queremos ser como mujeres y qué significa ser mujeres para cada una de nosotras, más allá de lo que los demás nos exijan.

Lo importante es que entendamos que no somos ni una máquina de tener hijos ni un ser obligado a cumplir con las expectativas de los demás. Es realmente necesario que comprendamos que cumplir quince años no debe ser sinónimo de que ya estamos “disponibles”, como mujeres, para satisfacer la serie de expectativas interminables que los demás tienen de nosotras.

La violencia hacia la mujer viene de todas partes y en todo tipo de actitudes. Ahora que tengo 32 años y no tengo ni la menor intención de tener hijos en un buen tiempo, escucho de parte de gente lejana y cercana (casi siempre mujeres) frases como, “Vas a ser abuela en vez de madre”, “¿Y tú para cuándo?”, “¿Qué no piensas tener hijos?”. Es realmente indignante, por decir lo menos, que nadie te pregunte si eres feliz, si estás satisfecha con tu vida o con tu profesión, si compartes tu vida con alguien a quien verdaderamente amas. Como mujeres, si nos descuidamos, vamos desempeñando roles asignados desde fuera, viviendo para otros en lugar de vivir para nosotras mismas.

Definitivamente el ritual de los quince años es un ejemplo de lo que somos como sociedad y de todas aquellas exigencias que permitimos que se nos impongan desde niñas.

De la serie XV, 2010. Fotografía digital

¿Por qué consideras que se sigue celebrando este ritual que tiene sus bases en usos y costumbres de una sociedad profundamente machista?

Creo que sigue celebrándose porque somos una sociedad profundamente machista, porque hombres y mujeres hemos asumido que tenemos roles que cumplir y que la mujer es un ser frágil y delicado que debe verse bonito. Aunque para ello deba soportar de toda la incomodidad de usar un disfraz y comportarse tal como esperan los demás.

¿Consideras que al Estado mexicano le interesa preservar esta tradición?

Lo impresionante es que muchas veces las más machistas son las mismas mujeres, que van preparando a las siguientes generaciones para cumplir con los mismos requisitos que ellas han cubierto en la sociedad.

En todos los niveles, la fiesta de XV años es una forma de introducirnos al mundo de complacer a otros, de ser para los demás y no para una misma.

También hay que entender que ésta se ha convertido en una tradición, en algo que pese a que lleva en su origen un factor machista, no necesariamente las quinceañeras o sus familias lo consideran así. Muchas veces tener fiesta de XV años es prácticamente contagioso: todas las chicas de tu generación están festejando y tú no quieres quedarte atrás. No creo que nadie tenga su fiesta pensando: “Estoy participando de una tradición machista, donde se me imponen una serie de roles y obligaciones que no deseo por el hecho de ser mujer”. Creo que más bien – y eso es lo más grave de muchos de nuestros comportamientos– asumimos que es algo que tenemos que vivir, sin cuestionarlo.

No creo que al Estado mexicano como tal le interese preservar la tradición de los XV años pero el que sí está empeñado en preservarla es este sistema machista.

Nuestro deber es siempre cuestionarlo y comenzar a construir un nuevo sistema más justo para todos los seres humanos, donde cada quien sea aquello que desea y no lo que otros exigen por su género.

En tus fotografías observo un señalamiento muy fuerte sobre los ideales de belleza femeninos y su contraste con la realidad racial y de clase de muchas mexicanas, ¿podrías comentarnos algo al respecto?

Sin duda alguna, además de machistas, somos racistas. En numerosas ocasiones, como mujeres vivimos rodeadas de tantas exigencias con las que, se nos ha dicho, debemos de cumplir, que ni nos damos cuenta de quiénes somos. Justo por ello nos encasillamos en situaciones tan absurdas como el color de la piel, el lugar de origen, el dinero que tenemos, como si en eso consistiera lo que realmente nos da sentido como seres humanos.

De la serie XV, 2010. Fotografía digital



Sara Escobar
Ciudad de México, 1984

Estudió Ciencias de la Comunicación y la Maestría en Cine Documental en la UNAM. Cursó el Seminario de Fotografía Contemporánea 2013 del Centro de la Imagen. Trabajó para Milenio Diario, Milenio Televisión y Canal 6 de Julio. Su primer documental Causar Alta recibió el Premio José Rovirosa al mejor documental estudiantil 2014 y el Premio a Colectivo Joven, en la categoría de mediometraje del Festival Internacional de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam 2015. Actualmente forma parte del Colectivo Dospasosabajo.

Liz Misterio
Ciudad de México, 1985

Artista visual, feminista, codirectora y editora de la publicación digital de arte y sexualidad Hysteria! Revista. Es miembro del colectivo de arte Invasorix. Su trabajo ha sido exhibido en más de 30 exposiciones e intervenciones en México y Estados Unidos, entre ellas destacan Si tiene dudas... pregunte. Una exposición retrocolectiva de Mónica Mayer en el Museo de Arte Contemporáneo de la UNAM; V Bienal Nacional de Artes Visuales Yucatán 2011; Womxn are Perfect en la Galería de la Raza en San Francisco, CA. y Public/ Private en la Woman Made Gallery en Chicago.