Haré magia para ti

Entrevista a La Bruja de Texcoco por PICS
Fotos por Luis Antonio Rojas

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Platicamos con La Bruja de Texcoco en el Zócalo de la CDMX. Para nuestra sección de Perfiles, nos dijo quién es y cómo surge su música. En esta foto secuencia tomada por Luis Antonio Rojas, La Bruja platica sobre la importancia de la magia en nuestras vidas y en nuestros días en la ciudad.

¿Quién es la Bruja de Texcoco?

Nació hace 7 años en una fiesta en Texcoco. En ese momento tocaba música mexicana del occidente: sones de mariachi, y del Golfo de México, como sones jarochos y huastecos. Llegué como invitado para tocar en la fiesta de unos amigos concheros, quienes tocan con concha de armadillo y tienen todo un ritual en relación con la danza, la música, los santos y las antiguas deidades mexicas.

Ellos tienen un líder curandero, un señor ya grande que trabaja con las energías del lugar y que guía misas y rituales. Cuando me saludó, me tomó de la mano y me dijo:

“Te estaba esperando, eres una de mis brujas. Mira: tus manos son de mujer y viniste por algo”.

Esa noche iba vestido con guayabera y sombrero. Me consideraba gay aunque nunca me sentí parte de las dinámicas relacionadas a esa identidad. Terminando la fiesta, el curandero hizo un ritual de agradecimiento. Siempre lo hacen. En ese momento, una chica comenzó a convulsionarse. Cayó al piso y entonces el curandero nos echó agua bendita y llenó la casa de humo de copal. Fue un momento loco. Sacó una botella de mezcal y todos debíamos beber. Después armaron un porro enorme del que teníamos que fumar.

Se convirtió en el after de la fiesta.

Después, el curandero me pidió que pusiera mis manos en la espalda de la chica y me dijo que tenía que solucionarlo. No sabía qué hacer, me dejó la responsabilidad a mí.

Tomé mi violín y toqué Pescador de hombres. Se sumó un amigo que toca la vihuela y otro que toca el guitarrón. Todos empezaron a cantar y la chica mejoró. Cuando todo terminó, el curandero me pidió que lo acompañara, estaba con la chica que se había puesto mal y llevaba el humo de copal. Salimos al bosque y caminamos. Cuando nos detuvimos, me dijo que me presentara como La Bruja de Texcoco, y que dijera que aquella fuerza que había causado la convulsión de la chica no era bien recibida en el lugar. Lo dije temerosa, estábamos en medio del bosque. Fue todo un ritual. Al día siguiente me sentí conmovido.

El curandero vio en mí algo que yo no había visto.

La lectura que tenía el curandero de mí era femenina, aunque yo fuera de guayabera y sombrero, ¡es increíble! Me di cuenta de dos cosas: tenía una feminidad muy encapsulada, que desde niño guardé y no dejé salir; también de que a partir de la magia, se pueden cruzar los límites y buscar ser quien quieres.

Puedes ser una bruja.

¿Qué significa Texcoco y qué significa la CDMX para ti?

Todo lo que pasa en la ciudad es muy mecánico, como los deseos de modificar los cuerpos a partir de estereotipos occidentales. La gente vive sumida en su individualismo. Pareciera que en los pueblos hay costumbres que generan comunidad, y que es posible trascender ciertas perspectivas desde el uso de la magia.

A partir de la historia que les cuento, nace La Bruja de Texcoco. Empecé a explorar mi feminidad, cambié mi nombre en FB y seguí trabajando mi proyecto de música mexicana con un toque muy mío.

Me puse falda, luego algo en la cabeza y de pronto ¡fum!
Explotó todo lo que hago ahora.

¿Cuáles son tus divas favoritas?

Mi inspiración, tanto para mi trabajo visual como performático, son las feminidades dentro de las tradiciones mexicanas. Por ejemplo, los travestismos propios a las tradiciones del Carnaval de la Huasteca: en ellos hay una posibilidad al tratarse de la semana santa, de que unx pueda hacer lo que jamás harías en la vida real.

¿Y qué es lo que hace un hombre?
¡Pues travestirse!

También pienso en las muxes de Oaxaca, en las chuntaes de Chiapa de Corzo y en las maringuías de Michoacán. Existen muchas transfeminidades en la cultura mexicana, generadas a partir de la tradición. Ellas son la inspiración de la Bruja.

Busco feminidades que existen a pesar de los juicios sociales.

¿Qué te gusta leer?

Estoy leyendo el libro Cómo ser trans y no morir asesinada en el intento de Frida Cartas y poemas homoeróticos de Abigael Bohórquez agrupados en Poesida. También estoy consultando artículos en internet sobre música, textiles mexicanos y activismo.

Mi música depende mucho de la lectura y escritura de partituras, mi estudio está lleno de partituras. También transcribo música. Por ejemplo, para el concierto que tuve en el Teatro de la Ciudad con Dorian Wood, escribí música para un trompetista. Trato de tener mi música en MuseScore, un software de composición musical. para que cuando tenga un evento la pueda transformar, por ejemplo de violín a trompeta.

¿A quién del mundo de los muertos te gustaría llamar?

México tiene un culto a la muerte muy marcado, tiene que ver con un deseo por tener esas pérdidas de vuelta. Yo no traería a nadie. No creo que sea necesario.

Desde niño me he dado cuenta de que no quiero saber de la gente del pasado. No tiendo a regresar. No me gusta forzar las cosas ni aferrarme.

Cada persona tiene su momento.

En el camino me he separado de muchas personas a las que amé, pero se quedan en mi mente por algo. Ya no nos frecuentamos, pero sé que si les vuelvo a ver, les saludare con cariño. Eso de regresar y volver, ay no, ¡qué hueva!

Si tengo algún problema con alguien, trato de resolverlo para que las cosas funcionen y duren, pero en el momento en que ya no es posible, desaparezco sin necesidad de volver. Eso me pasa también en el mundo de la música, con la gente que toco o he tocado. Estoy muy consciente de los ciclos: cada vez que termina algo surgido de un gran esfuezo, inicia algo increíble.

Me entrego mucho a las personas.

Cuéntanos acerca de lo que percibes en torno a los fenómenos migratorios actuales y a las fronteras sociales, ¿la bruja es migrante en algún sentido?

Sucede algo muy curioso en esta ciudad: existe un tipo de identidad perdida. En otros lados, se percibe algo característico a un contexto y a un estar en comunidad. Acá en la CDMX somos una mezcla y no tenemos un origen como tal o de referencia.

Este fenómeno migratorio lo veo muy claro en dos ámbitos. En la esfera de la música, existen jóvenes tocando música tradicional mexicana en muchos lugares en la ciudad, ahí puedes ir a escuchar y bailar sones.

Tenemos un deseo por pertenecer a una cultura.

Aunque seas de la ciudad buscas una pertenencia. Nuestros padres o abuelos migraron en algunos casos de otros lados. Actualmente, la gente joven está buscando otras identidades dentro de una de las ciudades más grandes del mundo.

Otro ámbito es el del vestido. Me encantan los textiles, uso mucho del centro, sur y sureste de México. Lo que hago es respetar la indumentaria y aprender cómo se usa cada una de las prendas. En ocasiones trato de mezclar las prendas, pero no con cualquier cosa. La gente muchas veces opina que no debería de portar esas prendas por no ser originaria de tal lugar, es una opinión que no comparto.

Todo el tiempo estamos cruzando fronteras.

¿Nos recetas un hechizo para el mal de amores?

Tengo un brebaje que hice a partir de un problema que tuve en la garganta, cuando me enfermé y no podía cantar. Fui al mercado de Sonora buscando la cura, empecé a sanar después de tomar jengibre con cúrcuma y un té de flores.

Estaba somatizando, los dolores de garganta son por no decir lo que sientes.

A causa de esta experiencia compuse un huapango llamado Té de Malvón, con éste cierro un ciclo importante. Esta canción habla de las flores como una cura. Luego pensé que si las flores funcionaban con agua, funcionarían mejor en mezcal. Ahora hago el Mezcal de la Bruja, hecho a base de flores: te lo tomas, te pones pedo y se te olvida tu mal. ¡Ése es mi conjuro!

Este poema-conjuro, Té de Malvón, dice:

Ingredientes

un poema dedicado,
un botón de rosa de preferencia roja,
un tramito de la memoria conjunta,
una caricia de chuparrosa y su pico,
una canción de voz aterciopelada,
un cachito, solo un cachito de atardecer,
media docena de gotas de lluvia,
y tu rostro reflejado en un charco
con aceite de coche en el parque.
Revolveré bien, hasta lograr mi cometido.
Una bola de cristal para ver si me perdonas.



Haré magia para ti, brujería.

La Bruja de Texcoco nace entre magia, conchas de armadillo y la profundidad de la noche. Se apropia de la música y la transfeminidad de la cultura mexicana, desarrollándose en situaciones extravagantes, llenas de máscaras, huipiles y lentejuelas.

Luis Antonio Rojas (Aguascalientes, 1993) vive y trabaja en Ciudad de México. Su interés se centra en proyectos documentales que abordan diversas narrativas visuales. Hace uso de la fotografía como medio predilecto para comunicar historias socialmente relevantes. Sus relatos se aproximan a temas relacionados con fenómenos urbanos, redes globales y huellas locales en un contexto latinoamericano.