JLO y el arte de caminar

Diana Gutiérrez

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El encierro orilló a la escritora Diana Gutiérrez a ensayar sobre moda y humor. Ésta es una versión breve del texto original que la editora del fanzine Pinche Chica Chic prepara para su libro, en el que aborda a Jennifer López y el arte de caminar en pasarelas. Acompaña al ensayo la serie Familia de dinosaurios, del artista visual Feliciano Centurión.

Su asesora de imagen Andrea Lieberman le recomendó durante la prueba de vestuario que lo cambiara por otro porque era un outfit que habían portado ya otras celebridades, como Geri Halliwell, la ex Spice Girl pelirroja, y la misma diseñadora de modas Donatella Versace, en eventos pasados. Tampoco había sido un traje particularmente llamativo meses atrás en la pasarela, al ser modelado por la musa de la casa, la increíble Amber Valletta, en el lanzamiento de la colección Primavera-Verano 2000, y eso que la campaña publicitaria la diseñó Steven Meisel. Pero en ella lucía magnífico y decidió que sería su vestido.

En su primera aparición ataviada así, Jennifer López se desplaza más o menos rápido del brazo del rapero Puff Daddy, su pareja en ese momento, por la alfombra roja de los primeros Grammy del nuevo siglo; van algo tarde a la cita. Él lleva un impecable traje marfil que sobresale en medio de tanta gente alrededor, entre prensa y cuerpo de seguridad, mientras que el atuendo de ella, pese a su color verde tropical, llama poco la atención durante la sesión de fotos.

Se escribieron un sinfín de notas acerca de cómo su atuendo rompió el Internet horas después, debido a la búsqueda incontrolable de los usuarios para apreciarlo a detalle otra vez, desde la comodidad de sus casas, pero les fue imposible. En enero de 2015, el presidente de Google, Eric Schmidt citó la atención masiva a este vestido como la razón principal para la creación de Google Images, una herramienta de búsqueda visual que se distanciaba en ese momento de los resultados habituales de texto con enlaces.

Eric Schmidt citó la atención masiva a este vestido como la razón principal para la creación de Google Images

Su segunda aparición ocurre ya al interior del Staples Center, como la primera presentadora de la noche, junto con David Duchovny, durante la entrega al mejor álbum del género R&B. Al subir al escenario, sufre un pequeño incidente porque la corriente de aire vuela la parte inferior del vestido hacia atrás, revelando sus piernas tonificadas y un diminuto short verde. La única preocupación que tenía era precisamente que algo muy revelador quedara al descubierto frente al público.

Los nervios están a punto de delatar a su compañero al ver tal majestuosidad a su lado, quien sólo atina a decir que está seguro de que por primera vez en muchos años los espectadores están ignorándolo, porque evidentemente los ojos de medio mundo están puestos sobre JLO, cuya fama iría en ascenso. Duchovny tenía más atención mediática que ella pues era coprotagonista de la exitosa y premiada Expedientes secretos X.

Llega el esperado momento cuando se aprecia por fin en todo su esplendor el que será llamado en la historia de la moda como “The Jungle Dress”, un vestido verde con toques azules, de seda semitransparente estampada de bambús, abierto al frente con un escote largo hasta abajo del ombligo, ceñido a la entrepierna con piedras amarillas de citrino. Debajo de éste, Jennifer López trae nada más el diminuto short verde visto minutos antes. ¿Por qué una escena así llamó tanto la atención?

Podría decirse a primera vista que el atuendo es provocador y sugerente, que apela a los instintos o en otras palabras, que el sexo vende. Pero si éste fuera el caso, la prenda en sí, que en efecto dejaba poco a la imaginación, habría causado el mismo impacto meses antes en el cuerpo de las otras modelos que lo portaron cuando se lanzó. ¿Será acaso algo inherente a la Diva del Bronx?

Tomó veinte años, a lo largo de los cuales, Jennifer López ha mostrado en las calles una serie de looks inspirados en aquel icónico estampado selvático que marcó el inicio de su carrera como cantante y actriz. Todos con el mismo patrón gráfico. Un conjunto de camisa traslúcida y pantalón; un minivestido escotado con seguritos como botones y botas altas a juego; un body con escote en “v” y aberturas en las mangas largas; un jumpsuit de cinturón dorado con la medusa característica de la marca en la hebilla. Ninguno con el mismo encanto de aquella noche de premios en Los Ángeles. Para desvelar el secreto hubo que verla nuevamente arriba de un escenario, como modelo de pasarela en esta ocasión. Ocurrió en 2019 durante la Semana de la Moda en Milán.

Es un secreto a voces, el mundo de la moda está enterado de que ocurrirá una sorpresa pero nadie sabe de qué se trata.

La invitación al último show de la tarde es un pequeño flipbook de portada tropical que al pasar las páginas rápidamente parece animar una búsqueda en Google Images de la nueva colección 2020 de Versace para mujer Primavera-Verano, simulando el tecleo de las letras sobre la pantalla. Un guiño adecuadamente misterioso porque remite a un capítulo de la historia de la casa, relacionado con la jungla; es sencillo suponer que tenga algo que ver con aquel vestido presentado dos décadas atrás.

El stage es un auditorio circular con bancas de mármol blanco de Carrara de características vetas color gris, alrededor de una gran palmera dorada al centro. Los muros son largas pantallas interminables e infinitas, que simulan un mosaico alusivo.

Salen las primeras modelos en trajes negros y cadenas doradas, un must de Versace. La cuarta es Bella Hadid y de ahí en adelante las Insta-models, influencers y socialités del momento, que también hacen pasarela: amigas de Taylor Swift, como Kendall Jenner, Gigi Hadid y Kaia Gerber en tonos verdes, rosas y naranjas, con mallas, tops y chamarras. Todas con versiones referentes al jungle print. La última antes del momento esperado es Irina Shayk.

Se apagan las luces. Se iluminan las pantallas del escenario. La voz en off de Donatella Versace llena el espacio, solicitando a Alexa que busque en Google Images el jungle dress. En segundos se proyectan cientos de ellas en las paredes, con JLO portando el famoso vestido en los albores del siglo 21. Habla una vez más la diseñadora: “Now, show me the real jungle dress”.

Como un relámpago que electriza y enciende todo a su alrededor, las luces toman posesión del recinto y la batahola prende a los asistentes. En el minuto 19, aparece JLO en persona con una reinterpretación más fresca y sin mangas del vestido de jungla. La audiencia se pone de pie. Una pierna, como columna, sostiene su cuerpo entre la tierra y el cielo. La otra, un péndulo que se balancea desde atrás. Su talón roza el suelo. El peso del cuerpo se desplaza hacia adelante sobre el pie principal, luego en un sutil equilibrio cambia al secundario. Las extremidades inferiores invierten sus posiciones. Un paso, después otro, uno más, golpes de tambor al mismo ritmo. Lo que Rebeca Solnit llama “el ritmo del caminar”, que es igual al ritmo del pensamiento: cuatro kilómetros por hora. Dura un minuto el recorrido de JLO por la pasarela, que concluye con su espectacular participación.

Un paso, después otro, uno más, golpes de tambor al mismo ritmo. Lo que Rebeca Solnit llama “el ritmo del caminar”, que es igual al ritmo del pensamiento: cuatro kilómetros por hora.

Caminar es un acto involuntario: se parece a la respiración y al latido cardíaco. Es una actividad espontánea que exige apenas un poco de atención por parte del caminante. Pero cuando se convierte en algo premeditado y orientado a un fin, dice Solnit, adquiere un significado. En el mundo de la moda, por ejemplo, caminar “bien” es un requisito indispensable. Existe una técnica básica para hacerlo que consiste en erguirse recto y comenzar la marcha, colocando un pie delante del otro, con pasos largos, como si se caminara sobre una cuerda. El movimiento de los brazos es importante; algunos modelos optan por balancearlos casi exageradamente; otros los cuelgan a los lados, relajados. Cada quien añade su propio estilo y muestra su pasaporte.

JLO tiene una zancada de gacela, en la que eleva las piernas, flexiona las rodillas, suaviza las pantorrillas, planta los pies y otra vez. Esta coreografía provoca que sus caderas se balanceen naturalmente al mismo compás. La intérprete de origen puertorriqueño sabe de lo que habla al cantar Walking on Sunshine: camina bajo el sol, a mitad de la noche, y se siente como si estuviera en algún lugar cerca del cielo. Pertenece a la familia de los Caminantes imaginada por Henry David Thoreau, Ambulator nascitur, non fit, una orden antigua y honorable de la que el escritor formó parte y que, a diferencia de los “cruzados de corazón frágil”, cuyas expediciones consisten en dar una vuelta a la manzana y volver al poco rato al lugar de origen, prolongan los paseos con espíritu de aventura, para regresar solamente como reliquias, como “corazones embalsamados”.

Por eso sorprende poco que las notas en los medios acerca de ella enaltezcan sus habilidades para abrirse paso en tacones de diez centímetros sobre la arena de la playa sin perder la elegancia, o que su forma original de andar en completa concentración por los pasillos cause revuelo en las redes sociales: su arte de caminar sigue embelesando a todos veinte años después.

Diana Gutiérrez (Ciudad de México). Es periodista y editora de Pinche Chica Chic, fanzine de moda y humor.
@sueterdepuntitos

Feliciano Centurión (Paraguay, 1962-1996). Fue un artista visual, parte del grupo de artistas surgidos den Centro Cultural Ricardo Rojas en los noventa del siglo veinte. Las imágenes del artista son propiedad de la Galería Cecilia Brunson Projects, Londres, y fueron tomadas por Eva Herzog.