Emisarios de mundos invisibles

Por Doreen A. Ríos

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Dedicado a la mujer de las montañas que me ha ayudado a explorar otras formas de inteligencia.

Este recorrido empieza con una pregunta que me surgió al explorar la noción de imagen memética hace unos ayeres: ¿los gatos siempre han dominado Internet? Las ideas detrás de la producción de memes, las estrategias de viralidad y distribución expandida me hicieron visitar episodios del Internet temprano1, en los que la identidad animal se ha representado de distintas maneras con la intención de provocar una reacción del otro lado de la pantalla. Primero me encontré con The Hampster Dance (1998) de Deidre LaCarte, sitio web ejemplo de memes del Internet de los noventa, un experimento que buscó obtener la mayor cantidad de visitantes posible. Ahora veo que no, los gatos no siempre han dominado Internet.

Eso me hizo pensar cómo, aunque la mayoría de las veces la naturaleza y los animales parecen ausentes en los estudios sobre los medios y la comunicación, no es así, pues se encuentran cada vez más mediatizados. Los vemos en fotografías, videos, gifs, animaciones y memes de todo tipo. En concreto, mi intención es poder irradiar luz acerca del uso de los animales en la difusión de las redes comunicativas globales y la labor que esas representaciones han realizado en el cambio de las configuraciones sociales.

Parto de la idea de que los animales han servido históricamente como agentes de intercambio en transacciones políticas y culturales. Su imagen en los medios electrónicos y digitales en la época contemporánea puede interpretarse como un paralelismo directo al colonialismo temprano. Tal es el caso de una jirafa capturada en Kenia y enviada por un gobernante de Bengala como regalo al emperador de China en 1414; el animal fungió como un medio de comunicación, una especie de primer contacto, entre personas y pueblos distantes, abriendo así nuevas relaciones comerciales caracterizadas por la colonización de las tierras de donde fue extraída. Otro caso se viralizó recientemente: April, una jirafa embarazada, reunió a millones de espectadores que estaban encantados con su presencia en la web. April contribuyó a formar vínculos afectivos entre las personas usuarias de los medios digitales, provocando que se crearan relaciones amistosas entre humanos a partir de las tecnologías digitales y las instituciones que enmarcaban esa presencia en línea.

Este performance digital se guía por un intermediario representado en forma de entidad híbrida que conecta a los cuerpos dentro y fuera de la pantalla y que se traduce en el desarrollo de filtros de realidad aumentada, cuyo uso se ha masificado en plataformas como Instagram, Snapchat y TikTok.

A partir de este fenómeno, se han abierto conversaciones en torno a la identidad, la salud mental y las intervenciones estéticas que nos acercan a otra versión de nosotroxs mismxs compartida en estos espacios. De algún modo, el uso de filtros nos vincula de regreso con la naturaleza e invoca directamente una fusión entre los cuerpos humanos, su animalización y su reconexión con espacios naturales. Si bien esta vinculación fue una expansión, casi obvia, del uso de filtros de realidad aumentada, también provoca una reflexión sobre la animalidad, la humanidad, la naturaleza, la cultura y el capitalismo visible en el estudio de la (re)mediación animal. Un panorama que se dibuja y se reinventa para la era digital cuando los diseñadores de imagen utilizan partes o imágenes de animales para garantizar la promesa afectiva y la difusión comercial de una infraestructura digital emergente. Estas imágenes mitad cuerpo humano (fuera de la pantalla) y mitad animal (entidad digital dentro de la pantalla) animan y domestican el campo de la mediación en constante expansión.

A partir de la selección de 20 filtros disponibles en Instagram y Snapchat, se explora un relato de lo animal a través de imágenes de cuerpos fusionados como mediadores que fomentan una complicada inversión emocional, económica y estética en las cambiantes prácticas de conexión. El desarrollo de esta serie, entendida como un performance digital, propone la “animalización” del rostro humano y suma a una reflexión en torno a la relación distanciada que tenemos con las inteligencias no humanas.

Fusión

Cuerpxs reconocibles que se mezclan. Actualidad y virtualidad en expansión. Ambos elementos son aún reconocibles, ambos están sujetos a la hegemonía de sus formas.

IG - BEBÉ CERF de @camillecerf

IG - Leopard Panther de @elya.boz

SnapChat - Amor Fati de Clara Bacou

IG - SOFISHTICATED de @videorbit.studio

IG - Cuca de @jhonyaugust

IG - HUSKY de @elya.boz

IG – Praying Mantis de @damonncho

Transfiguración

Entidades fluidas que retoman elementos específicos de sus formas originales. Constante cambio y un perpetuo estado beta, seres que pertenecen a universos probables, pero no presentes.

IG - AnacondA de @annehorel

IG - moth de @allangregorio

IG – murakiLeopard de @murakiit

Snapchat – Bug Eyed de Clara Bacou

IG - IMPLSTNZ x alpha de @inesalpha

IG - Wild Creature de @annehorel

Snapchat – Kotoko de Sarah Mayer

Teletransportación

Reubicación temporal de cuerpos animales, extracción virtual y recreación de escenarios lejanos. Espacios que aparecen como mundos intangibles pero navegables.

IG – Whale de @phoria.io

IG – Plant a Coral de @eauthemaleavenesg

IG – Orangutan de @phoria.io

IG – Manta ray de @phoria.io

IG – Bison de @phoria.io

IG – Hello Giraffe! de @dianarodd

Doreen A. Ríos (Toluca, México, 1992)
Es curadora e investigadora. Su trabajo se enfoca en el arte digital, prácticas post-digitales y nuevas materialidades. Es fundadora de [ANTI]MATERIA, plataforma en línea dedicada a la investigación y exposición de arte producido a través de medios digitales. Actualmente es curadora en jefe del Centro de Cultura Digital, creadora visual en Minipixel, mediadora en Unidad de Conciencias Colectivas Terrestres, docente en CENTRO y en el Tec de Monterrey.

1 Aquel que prometía descentralización y la creación de una “aldea global”.