Me gustaría probar algo distinto.
Entrevista con Tommy Bruce

Por Olga Rodríguez

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Tommy Bruce vive y trabaja en Albuquerque, Nuevo México. Desde hace más de diez años, vincula su trabajo con la comunidad furry. Esta entrevista pone foco en lo queer, el privilegio y la identidad en el trabajo de Bruce.

Como no estoy involucrade con la comunidad furry de ninguna manera, comencé mi conversación con Tommy girando mi computadora para que viera tres pinturas con furries producidas por Lucas Lugarinho. A raíz de estas piezas hablamos de la intersección y las barreras porosas entre la vida real y la vida online que Lugarinho aplana en sus pinturas, considerando a aquello que sucede en la pantalla como parte del mismo ecosistema. En este último año, hemos visto que nuestras interacciones sociales pueden existir en modo online, y cuando eres queer comprendes que las personas tienen múltiples identidades y entiendes el poder que hay en sugerir otras formas de existir y de relacionarnos.

Furry es real y virtual, humano e inhumano; una comunidad que empieza en Internet, pero sale de ella para organizar reuniones y convenciones alrededor del mundo.

Tiene que ver con el sexo, pero no más que cualquier otra cosa en la vida. De la misma manera, está lleno de personas que transgreden las normas sexuales y juegan con el género. En la presentación de su tesis, Tommy describe furry como “una comunidad sobre [sic] la fantasía colectiva y el juego radical con la identidad en algún punto de un diagrama Venn que une cosplay, drag, kink, y fandom”. Como no hay canon en furry –no hay una película para ver miles de veces, ni un cast limitado–, puedes crearte a ti misme con total libertad. La construcción de tu fursona se hace en comunidad, a varias manos, y contribuye a que la misma crezca. No hay manera de equivocarte. Conceptualmente, también se entiende que no estás haciendo una versión falsa de algo, sino algo completamente nuevo.

Le pregunto a Tommy si pensaba que ser furry era parte de ser queer, si cree que se trata de una identidad o una tecnología de creación de deseo, o si de alguna manera siente que se incluye en el signo + de las siglas LGBTQ+.

“Para mí el furry tiene más en común con la idea de autorrealización, de convertirnos en todo lo que somos capaces de ser, y que pondría en una categoría separada de lo queer. No hay urgencia, no hay discriminación directa ni amenaza. Pero va más allá de tener una relación profunda con tu deseo y autoimagen, pues se vuelve creación de muchas maneras. Es otra versión de mí mismo, similar a lo que la gente hace en redes sociales con cuentas de Instagram, Facebook o Twitter.”

Tommy comenzó a documentar este mundo porque él “quería decirles a todas y todos que no es una comunidad de perdedores, pero cuanto más lo hacía, menos me importaba cómo lo percibían los y las demás y más lo veía como algo que puede decir mucho acerca de nuestro mundo”.

El medio principal de Tommy es la fotografía; cuando le pregunto si se considera fotógrafo, me dice que se siente más artista de performance. Para él, estar en Atmus, su fursona de venado cola blanca, es performar en el sentido butleriano y también es performance como creación artística. La fotografía es así una herramienta para el performance, o como dice Tommy, “performar para la cámara”.

El trabajo de Tommy tiene mucho de documental, y eso pone a prueba los límites de nuestra percepción. Cuando vemos a Atmus en la cama, con la pantalla del teléfono brillando en sus ojos, nos olvidamos de que el momento no fue capturado casualmente, pensamos que esos son efectivamente sus ojos, nos sentimos irremediablemente similares. Nos remite al tiempo que pasamos viendo la pantalla, específicamente en la cama, antes de dormir o al despertar. Tommy agrega otra capa: “Pensé que estar en esa pantalla hablando con otros también era una forma de encarnar a Atmus”.

Le digo que no creo que alguien que no esté en la comunidad pueda captar fragilidad y amor, el concepto de creación de carne y vida como él hace con su obra “tear”, sobre la cual dice:

Me puse a pensar ¿cuál es la diferencia entre un rasguño y una herida? ¿En qué se parecen?, ¿cuáles son las limitaciones de este cuerpo?, ¿cuál es su potencial?” Al ser herido, Atmus se vuelve real.

En la producción de las obras de “Real Problems”, su exposición más reciente, donde presenta principalmente imágenes de Atmus, Tommy usó la técnica de pantalla verde para insertar paisajes creados digitalmente, intervenidos con pintura digital. Para Atmus, cualquier lugar es escenario posible. Está en su sala pero corre por el bosque en un mundo creado digitalmente con imágenes de Zelda que pertenece a todas partes.

Como vengo de una familia de cazadores y no logro reconciliar dicha práctica con mi política o mis sentimientos, hablé con Tommy sobre cacería. ¿Por qué Atmus es un venado de cola blanca en un estado que los caza?

Para mí, convertirme en venado es una forma de dar una mirada queer a la relación de los cazadores con estos animales.

“Porque un ciervo es un símbolo de masculinidad, pero al mismo tiempo, elegir serlo, en este contexto, es casi emo, en el sentido de ser melodramático y tener actitud de ‘ya mátame’. Pero también para los cazadores. Pensar que desean al macho, y que existe todo este juego de perseguir y dominar que también es cuestionable. Convertir el dolor en placer es una forma de quitarle poder al opresor”.

La comunidad furry es creativa y se hace a sí misma; ​​en todas partes leo que piensan existir (de alguna manera) fuera del capitalismo, así que cuestiono a Tommy; le digo que desde aquí no se ve así. Que los hoteles y esos fursuits finísimos me hacen pensar que se trata de una vida cara, la cual explica: “Lo decimos en el sentido de que no hay forma de que la comunidad furry se limpie, nadie nos puede pedir que cambiemos. Nunca seremos partícipes de publicidad de ningún tipo ni estaremos relacionados con ningún producto o corporación, porque hay sexo involucrado, y las empresas no quieren estar cerca de eso. En ese sentido, furry no puede ser nada más que furry, simplemente vamos a ser exactamente quienes somos. Esto nos salva, ayuda a la cultura a resistir y terminar en Disney”.

Le pregunto a Tommy si cree que su arte irá más allá de lo furry. Sé que la pregunta no es justa, y digo que nadie le pregunta a Cindy Sherman si alguna vez se cansará de los autorretratos y que puede ignorarme si la pregunta es ofensiva.

“¿Quieres decir que si es una fase?”, Tommy ríe. “Esa es una pregunta que me harían mis padres. Probablemente en algún momento haga otra cosa. Pero en este momento, ser esto en relación con la sociedad es emocionante e interesante y me permite, hasta cierto punto, dar sentido a este mundo. Prefiero ser un freak que un participante voluntario de esta sociedad, porque ser persona apesta”.

Olga Rodríguez (Irapuato, 1981)
Es galeriste, con experiencia en producción y comercialización de arte contemporáneo. Trabajó de 2008 a 2013 en la galería madrileña Juana de Aizpuru, y a partir de 2015 es mánager del estudio y taller de Damián Ortega. Es cofundadore, junto con Laos Salazar y Romeo Gómez López, de Salón Silicón.

Tommy Bruce
Es artista, poeta y documentalista. Vive y trabaja en Albuquerque, Nuevo México. Es licenciado en Bellas Artes en Fotografía con especialidad en Escritura Creativa del Maryland Institute College of Art en 2014. Su trabajo abarca varios medios, incluidos la interpretación, la fotografía, el video, la escultura, la poesía y la escritura de no ficción.Desde hace más de diez años, vincula su trabajo con la comunidad furry.