El zoológico de Chapultepec en 1923

Por Miguel Álvarez

           compartir           

Casasola, Niñas montadas sobre un camello en el Zoológico de Chapultepec, ca. 1925, Secretaría de Cultura, SINAFO- INAH.

I

Ahondar en la historia del Zoológico de Chapultepec dirige, en principio, a una reflexión sobre el binomio civitas-animalitas abordado por el filósofo alemán Peter Sloterdijk a partir de dos nociones: la primera se refiere a la condición del ser humano como “el ser que ha fracasado en su ser animal y en su mantenerse animal”,1 y la segunda es la noción arquetípica de la ciudad como el lugar que protege a sus ciudadanos de la naturaleza, tomando como punto de referencia la figura mítica del arca desarrollada por culturas como la babilónica, la helénica o la judeocristiana. Sloterdijk planteó que el concepto del arca (del latín caja) conlleva la condición de protección de un entorno hostil, provocado por la ira de las divinidades que se valen de las fuerzas de la naturaleza para destruir o castigar a los humanos: “La ciudad es, en cierto modo, el arca que ha aterrizado: representa una embarcación de supervivencia, que ya no busca su suerte en corrientes libres sobre aguas catastróficas, sino que se amarra obstinadamente a la superficie terrestre.2 La ciudad-arca le brinda a sus habitantes la idea de autocobijo y autoencierro de un grupo frente a un mundo externo que ha devenido imposible.”3

Casasola, Gente camina por el zoológico de Chapultepec, ca. 1910, Secretaría de Cultura, SINAFO- INAH.

La condición de la ciudad-arca propuesta por Sloterdijk, niega el exterior para autocontenerse en la artificialidad de un mundo autónomo por su cualidad aparente de ser un espacio protector de un cierto tipo de naturaleza frente la naturaleza.

De esta manera, la ciudad se convierte en un dispositivo que protege lo que existe en su interior, incluyendo a las especies de animales y plantas, de cualquier fuerza que amenace su equilibrio y autoconcepción.

Esta humanidad civilizada asume, a manera del monarca, el derecho aparentemente arquetípico, sobre todas las demás especies, para crear, como lo advierte Sloterdijk, una “segunda naturaleza”. Siguiendo esta idea, es crucial retomar la propuesta del historiador Lewis Mumford, quien diserta sobre las herencias de la monarquía y el palacio barroco en la modernidad:

A mitad de camino entre el placer y la curiosidad se encuentra un último legado del palacio, a saber, el jardín zoológico. La posesión de animales salvajes, en especial de los más feroces o exóticos, era todavía un atributo de los monarcas en la Edad Media, si bien la costumbre remota, según los datos con que contamos, a los tiempos más antiguos de la monarquía. La ampliación de estas colecciones de animales vivos, con el establecimiento de instalaciones permanentes y lugares de exhibición, formó parte del mismo movimiento general que promovió el desarrollo del museo. Como el museo, el jardín zoológico proporcionaba un destino adecuado a los hallazgos del explorador y a los trofeos del cazador….4

Esta manifestación de poder y conquista del patriarca sobre la naturaleza, como condición de la figura del reino y del monarca, se extiende a través de los procesos históricos de secularización, en los modelos modernos de gobierno, proyectados sobre todo en la configuración de las ciudades modernas.

Casasola, Bisontes hembras adquiridas en E.U. en el Zoológico de Chapultepec, ca. Abril 1930, Secretaría de Cultura, SINAFO- INAH.

Casasola, Cebra macho procedente de Brownsville en el Zoológico de Chapultepec, ca. Abril 1930, Secretaría de Cultura, SINAFO- INAH.

¿Cuándo y cómo se han resguardado, coleccionado, conservado y exhibido públicamente animales vivos, en el “arca” de la Ciudad de México?

¿Cómo se ha representado esta “segunda naturaleza” o desde qué conceptos e ideas se han construido en la Ciudad de México los espacios públicos a los que llamamos zoológicos?

Luis Márquez Romay, Pajarera del Zoológico de Chapultepec, ca. 1930, Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, IIE-UNAM.

Este texto aborda las ideas y propuestas conceptuales que llevaron al biólogo mexicano Alfonso Luis Herrera (1868-1942) durante la construcción el Zoológico de Chapultepec en 1923.

II

En el periodo virreinal, una de las primeras colecciones de animales vivos en Chapultepec fue creada por cazadores provenientes de grupos privilegiados de la sociedad virreinal, quienes expusieron al público su colección en un predio cercano al lugar donde hoy se encuentra el Museo de Arte Moderno.5 No obstante, no fue sino hasta el porfiriato que se formalizó un proyecto oficial de zoológico. De acuerdo al historiador Ramón Sánchez Flores, el 10 de junio de 1890 el presidente Porfirio Díaz rubricó “[…] de su puño y letra, el acuerdo que ordenó la edificación del Museo Zoológico de Chapultepec, asignándole un presupuesto de 1,670 pesos para la construcción de jaulas y su mantenimiento”.6 Al parecer este espacio contaba con una infraestructura y diseño poco definidos, el cual se instaló, cerca de donde hoy cruza el Circuito Interior, Melchor Ocampo.

Luis Márquez Romay, Acuario del Zoológico de Chapultepec, ca. 1930, Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, IIE-UNAM.

Seis años después de firmar el acuerdo, el abogado y empresario Alberto Icaza, propuso al gobierno de Díaz un proyecto de modernización del zoológico, solicitud a la que dio seguimiento el ministro de hacienda José Yves Limantour, quien en 1899 contactó al cazador, empresario y constructor de zoológicos modernos en Europa, el alemán Karl Hagenbeck,7 por tratarse del personaje ideal para diseñar un zoológico con las características de los países civilizados y modernos. Al final no se logró dicho proyecto. Esto indica que durante el porfiriato el zoológico se instaló de manera provisional y sin tener un diseño definido, a pesar de que siguieron llegando distintas especies de animales en donación, las cuales eran situadas sin las condiciones higiénicas adecuadas para su mantenimiento y exhibición. Algunos miembros del gremio científico, como el entomólogo Jesús Sánchez y el doctor Alfonso Pruneda, lamentaron que la Ciudad de México no contara con un zoológico moderno como en los países civilizados. Pruneda señaló que a pesar de “las deficiencias y la extrema pobreza de la colección de animales de Chapultepec [refiriéndose al zoológico de Díaz], que, no obstante sus malas condiciones, [era muy] visitada por nuestro pueblo.”8

Autor no identificado, Obras en el Parque Zoológico de Chapultepec, ca. 1942, Museo Archivo de Fotografía.

Luis Márquez Romay, Serpentario del Zoológico de Chapultepec, ca. 1930, Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, IIE-UNAM.

III

El periodo de lucha revolucionaria en México ocasionó una crisis en distintos niveles, entre ellos el económico, que provocó la desaparición de diversas instituciones y proyectos inscritos en la modernidad porfiriana, incluyendo el referido zoológico. En abril de 1914, en el transcurso del gobierno del usurpador Victoriano Huerta, la Junta Superior del Bosque de Chapultepec decidió desaparecer el “Jardín Zoológico de Aclimatación”, por cuestiones presupuestales, higiénicas y estéticas. Fue hasta la restauración política y económica del periodo posrevolucionario, durante la presidencia de Álvaro Obregón, que el biólogo evolucionista Alfonso Luis Herrera,9 entonces encargado de la Dirección de Estudios Biológicos (DEB), colocó el 6 de julio de 1923 la primera piedra del nuevo zoológico y acuario en los terrenos de Chapultepec que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP) cedió a través del ingeniero Joaquín Pedrero Córdoba.

Autor no identificado, Aspecto del parque Zoológico Chapultepec, lleno de público, ca. 1955, Museo Archivo de Fotografía.

Esta vez se ubicó al noroeste de la poligonal de Chapultepec,10 donde se encuentra actualmente. Antes de su apertura, a mediados del mes de octubre de 1924, Herrera realizó varias gestiones y visitas a zoológicos de Norteamérica y entabló relación con sus directores, por ejemplo con William T. Hornaday, director del Zoológico del Bronx, en Nueva York y de la Wildlife Conservation Society, a quien visitó en agosto de 1922. Hornaday aconsejó a Herrera acerca de cómo exhibir animales vivos en un zoológico, también sobre el intercambio, la compra y la donación de especies para crear una colección. Herrera y Hornaday tenían un continuo intercambio epistolar y bibliográfico,11 a través del cual compartían ideas referentes a la protección de las especies y de su conservación en zoológicos.12

El diseño arquitectónico del Zoológico de Chapultepec de 1923 fue creado por el Ingeniero civil mexicano Fortunato Dozal, quien realizó sus prácticas como egresado del Colegio de Minería en “las instalaciones hidroeléctricas que la Compañía Eléctrica del Litoral Mediterráneo poseía al nordeste de Marsella”,13 entre otros lugares de Europa. Esta formación del ingeniero Dozal sería relevante en la construcción de fuentes de agua y cascadas artificiales para la aclimatación del zoológico. La propuesta de Dozal se basó en el Jardín Zoológico de Roma (Giardino Zoologico di Roma) que fue construido en 1910-1911 por Karl Hagenbeck, lugar con el que existen grandes semejanzas respecto al de Chapultepec, sobre todo en el diseño de la traza de la planta, configurada a partir de formas orgánicas y caminos irregulares, la distribución de jaulas, fosos y espacios destinados a los animales de distintos hábitats y especies.

Luis Márquez Romay, Jardín Botánico de Chapultepec, ca. 1930, Archivo Fotográfico Manuel Toussaint, IIE-UNAM.

La dimensión del zoológico era de 75,202 m2, sumada al espacio del Jardín Botánico daba un total de 141,114 m2. Fue diseñado con una planta irregular y un eje central que unía con una exedra14 el zoológico con el jardín botánico. Herrera, como “curador” de estos museos vivos, concibió al zoológico, al acuario y al jardín botánico como un espacio integrado. La DEB construyó estos espacios museísticos con un fin educativo y de entretenimiento para la sociedad posrevolucionaria —en esa época había 85% de analfabetismo en México.

El zoológico estaba dividido en 15 secciones: a lo largo del eje se ubicaban animales de las praderas, los osos, tigres y panteras, las aves trepadoras, las aves acuáticas, la sección de águilas y aves rapaces, y terminaba en la gran pajarera. Por la entrada sur, se encontraban las secciones de los roedores y de los animales herbívoros; del lado norte se encontraban las secciones de los coyotes y lobos, la casa de los monos, los reptiles, las tortugas y el acuario. La distribución de las distintas especies de animales no presentó un orden taxonómico, sino caótico, aludiendo a la teoría de la selección natural de las especies.

Una de las razones que dio Herrera para que la colección de animales se presentara sin un orden aparente fue la de estimular el pensamiento y reflexión en los visitantes evocando de manera conceptual un espacio complejo y espontáneo, imitando la naturaleza salvaje.

Como ejemplo de esta intención, se escenificó para el acuario la cascada de La Carmela, ubicada en Uruapan, Michoacán, y para el espacio destinado a los lobos marinos se representó un islote rocoso de Baja California fabricado con concreto.

Casasola, Público observa a primate comer con cubiertos, en el zoológico de Chapultepec, ca. 1929, Secretaría de Cultura, SINAFO- INAH.

El proyecto de Herrera intentó unir a la naturaleza con los gestos civilizatorios que representaban a la modernidad y el progreso, a través del arte, con la creación y colocación de esculturas, fuentes ornamentales; y la tecnología, con un trenecito infantil o ferrocarril escénico, que fue inaugurado el 24 de marzo de 1929, cuya estación art decó fue construida por el arquitecto José Gómez Echeverría en 1928. Para 1924, el zoológico contaba con 243 especies vivas y en 1926 se reportó un ingreso de 415 animales por medio de canje, donación y compra. En septiembre del mismo año, se calculó la visita de 800 mil personas al Zoológico de Chapultepec.15

En 1927 la DEB fue trasladada a la Casa del Lago y recibió un raquítico presupuesto. A partir del 11 de julio de 1929, fecha en la que se decretó la autonomía de la Universidad Nacional, comenzó el declive de la DEB y se formó el Instituto de Biología, cuyo primer director fue el profesor y botánico autodidacta, Isaac Ochoterena,16 con quien Herrera tenía serias diferencias políticas, sociales y científicas. En noviembre de 1929 Herrera renunció a la DEB y a todos los proyectos que estaban bajo su administración, incluido el del zoológico. La reorganización de los poderes políticos tanto en el gremio académico como en el gobierno en función (el PNR se fundó en marzo de 1929), hicieron que el proyecto de un museo vivo para la nueva civilización heredera de la revolución mexicana impulsado por el biólogo, filósofo, poeta y libre pensador Alfonso Luis Herrera, fracasara, por no contar con el apoyo financiero y administrativo indispensable para su operación y funcionamiento. No obstante, su proyecto puso las bases conceptuales y museográficas para el diseño de estos espacios de confinamiento y exhibición de animales vivos que habitan esta arca-ciudad y son parte fundamental para la construcción artificial de una “segunda naturaleza”.

El Centro de la Imagen agradece la generosidad de la Fototeca Nacional Manuel Toussaint del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, el Museo Archivo de la Fotografía y el Sistema Nacional de Fototecas, por el préstamo de las imágenes que acompañan a este ensayo.

Miguel G. Álvarez Cuevas (Ciudad de México, 1979)
Es historiador y maestro en historia del arte, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha colaborado en distintos proyectos de edición, catalogación y clasificación de acervos documentales y fotográficos, en distintas instituciones públicas y privadas. Se ha desempeñado como investigador para exposiciones y curadurías sobre fotografía y arte moderno en museos como el del Palacio de Bellas Artes y el Centro de la Imagen, así como en proyectos independientes. En los últimos años colaboró como investigador y coeditor en la revista Luna Córnea, publicación del Centro de la Imagen y fue curador asistente, gestor e investigador en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Actualmente es el encargado del Museo de Sitio del Bosque de Chapultepec.

1 Peter Sloterdijk, Esferas II. Globos Macrósferas, (Madrid: Editorial Siruela, 2014), 230.

2 Sloterdijk, Esferas II. Globos Macrósferas, 230.

3 Sloterdijk, Esferas II. Globos Macrósferas, 230.

4 Lewis Mumford, La ciudad en la historia: sus orígenes, transformaciones y perspectivas, 2da ed., (Buenos Aires: Ediciones Infinito, 1979).

5 Clara Bolivar, “Chapultepec: paseo de fin de siglo. Una experiencia decimonónica” (Tesis para obtener el grado en Historia del Arte, Universidad Iberoamericana, 2013), 35- 36.

6 Carlos Sánchez-Olmos, “El Zoológico de Chapultepec, 126 años”, Revista Proceso, núm. 2072, julio, 2016, 64-66.

7 Archivo Digital del Centro de Estudios de Historia de México, CARSO, Fondo CDLIV, Colección José Y. Limantour.

8 Alfonso Pruneda, “Jardines Zoológicos. Una visita a los de Roma, Londres y Nueva York”, en Rafael Aguilar y Santillán (dir.), Memorias de la Sociedad Científica “Antonio Alzate”, Tomo 33, (México: 1914), 115-135.

9 Alfonso Luis Herrera fue exponente de la plasmogenia, teoría que refiere al origen material de la vida.

10 Espacio conocido desde 1965 como la Primera Sección del Bosque de Chapultepec.

11 William Hornaday escribió varios títulos, entre ellos, Two years in the Jungle; The Statement of the permanent wild life: protection fund (1915), y Taxidermy and Zoological collecting (1922).

12 Director`s Office Records, General Correspondence, Enero 1921-Enero1923. E-I, Box/Vol. No. 72. New York Zoological, Archives. Society Center for Global Conservation.

13 Mílada Bazant, La enseñanza y la práctica de la ingeniería durante el porfiriato, (México: Colegio de México, 1984), 280.

14 La exedra evocaba a la arquitectura clásica como gesto para los lugares de encuentro, intercambio de ideas y reflexiones filosóficas.

15 Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos, “Resultados Prácticos”, (México: Dirección de Estudios Biológicos, Secretaría de Agricultura y Fomento, 1926). Fondo reservado del Instituto de Investigaciones Biológicas de la UNAM.

16 Ismael Ledesma-Mateos, De Balderas a la Casa del Lago. La institucionalización de la biología en México, (México: UACM, 2007).