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Violencia

Para la historiadora del arte Carmen Bernárdez, la capacidad de percibir el mal y la violencia como algo reprobable permitiría constituir al espectador como un ser moral al que le incumbe este hecho. El arte puede explorar esta posibilidad y realizarla, aun inmerso como está en la subjetividad que su observación, lectura y aprecio conllevan.
Por su parte, la escritora y artista visual Virginia Villaplana considera que nombrar a las formas de violencia y seguir trabajando sobre su dimensión simbólica, es imprescindible para que no queden reducidas a experiencias individuales y/o causales, y darles así una experiencia social y crítica. Mientras que la filósofa tijuanense Sayak Valencia se pregunta qué sucede cuando asumimos la violencia como algo habitual en las sociedades contemporáneas, tanto a nivel cotidiano como mediático.

En nuestro país la violencia está presente en cada momento de nuestra vida y de múltiples formas: se exhibe en publicaciones impresas que comparten noticias desde una visualidad complaciente y explícita; provoca grandes diásporas de comunidades enteras debido a conflictos con el Estado, las grandes corporaciones y el narcotráfico; se publicita en grandes imágenes espectaculares que marcan diferencias entre grupos sociales anunciados como antagónicos; y reaparece en el arte y la fotografía a veces como denuncia, otras como algo que por una repetición constante y acrítica se vuelve decorativa.
Artistas como Ana Mendieta y Artur Żmijewski nos han compartido sus reflexiones en torno a la violencia a través de la fotografía, el video y el performance. De la misma manera, una comunidad amplia de fotodocumentalistas han arriesgado sus vidas y continúan haciéndolo en diferentes regiones del mundo para cubrir sucesos relacionados con nuestra realidad actual.






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